Rollista

Juan Ruiz (EE.UU.)

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Pistas de despegue

  • El Hombre, ser racional dotado de inteligencia, voluntad y libertad se va descubriendo a sí mismo como alguien esencialmente inacabado. Sus objetivos los persigue fuera de sí y la meta pertenece siempre al mundo objetivo. Sin embargo, por logros que consiga se da cuenta de que lo que más le interesa, no lo domina y le resulta imposible hallarlo para instalarlo de forma estable en sí mismo, por largo que sea el alcance de los datos de los sentidos o por la total satisfacción de sus necesidades básicas.
  • Ante su incapacidad para captar la vida y ejercer sobre ella un absoluto gobierno y cerciorada su imposibilidad de obtener el dominio sobre su mayor meta que es la felicidad, se descubre como un ser necesitado. Necesitado de algo o de alguien que no es él mismo. La consciencia en evolución de cada persona va colocando el alma en un principio constante de insatisfacción. La experiencia  le genera vacío, dentro de sí la persona va hallando huecos que necesita llenar y va surgiendo el interrogante sobre el sentido de la vida.
  • El curso de la vida en el espacio-tiempo mantiene a la persona en una dinámica caminante, las etapas convierten la vida en proceso, pero pocos se descubren a sí mismos como proyecto. Algunos lo conciben por golpe de consciencia y otros por experiencia de gloria. Los huecos del alma no son autorellenables, la persona descubre que lo que más necesita no lo tiene: empieza la búsqueda.
  • El bombre es un ser en busca de sentido. El alimento de su individualidad le genera insatisfacción y con el tiempo crece el interrogante. La vida mantiene cotas sobre metas alcanzables y la persona disfruta la cosecha de lo que siembra. Pero la satisfacción biológica no salda el crédito de lo cierto, cuál inquietud sobre el auténtico y verdadero sentido de la vida.
  • ¿Qué buscamos? El sentido requiere orientación. El ideal nos marca una dirección y llena nuestra vida de sentido. Y aunque la meta sea la misma felicidad, siempre somos lo que buscamos con nuestro comportamiento. Caminamos a nuestras aspiraciones o huimos de nuestros miedos. La orientación y el comportamiento son las condiciones subjetivas de nuestra manera de ser y de estar en la vida y marcan nuestra presencia en ella.
  • La reacción frente a las condiciones objetivas marcadas por las circunstancias en las que se desenvuelve nuestra vida dan nota y expresan nuestra verdadera búsqueda. En qué nos detenemos y respecto de lo que pasamos de largo. El qué de lo que buscamos es la primera referencia en la búsqueda de sentido y que va sorteando el vértigo del vacío.
  • ¿A quién buscamos? Más allá de la evolución personal, física intelectual, profesional, familiar o social, económica o amorosa o de la superación de pérdidas y decepciones, lo que más andamos buscando en esta vida es el hallazgo de un verdadero afecto. Un afecto que nos identifica, nos reconoce, nos quiere, nos ama, nos perdona y nos prefiere. Sentirnos acogidos por alguien es lo que realmente nos da sentido. Nuestro amigo, nuestro amado, nuestra familia con quienes somos capaces de generar un ámbito de confianza responden a los perfiles del afecto. Y poco a poco, en el avance normal de la vida, van deshaciendo y borrando el interrogante de ese no dominio, de esa insatisfacción que permanece en nuestra morada interior.
  • Jesús de Nazaret vino a hacer de sí una entrega. Buscando la fe del Padre halló el alguien. La entrega total abre las puertas de la plenitud. La Resurrección no es sólo la superación del óbito, sino que hace del Señor una presencia acompañante, y camina generando actitud con los pies de lo cotidiano.
  • ¿Dónde y cuándo buscamos? la búsqueda no es un trabajo, es una actitud que va generando nuestra manera de estar y pasar por la vida y que vamos decidiendo en cada momento. La búsqueda es la actitud del aprendiz. La búsqueda de la verdad es la actitud del aprendiz del cristiano.
  • Las cosas y la presencia de las personas casi nunca están naturalmente bajo nuestro dominio, ni cómo nos gustaría. Esa realidad que no dominamos pero que podemos influir hace que como cristianos, amigos de Cristo, podamos estar contentos pero no satisfechos. La actitud de búsqueda es inagotable y el objetivo es constante. Los cristianos no llegamos nunca a serlo, estamos siempre en el camino de serlo. Y aunque la vida no se resuelva como nosotros queremos tampoco dará su respuesta como si no estuviéramos.