Rollista

Luis Reyes (México)

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Pistas de despegue

  • La persona siempre encuentra lo que busca con su comportamiento. Recoge lo que siembra, ve el mundo desde las cotas que alcanza, disfruta lo que conquista y saborea lo que logra. Pero el alma sólo arde en el deseo y el objeto de deseo es siempre algo o alguien que está por venir.
  • El que busca encuentra. El señor siempre sale al paso, sale siempre al encuentro.  Bajando camino de Emaús...
  • La conquista provoca satisfacción. La amistad como corriente recíproca nos lleva a la confianza. En ella nace el afecto. Por eso nuestra identidad la reconocemos en los demás, en la reacción frente a nuestra persona en busca de afecto. Sólo crecemos en el corazón ajeno y el egoísmo nos aísla.
  • En el cursillo se crea el clima para  que se produzca un triple encuentro. Con uno mismo, con los demás y con Cristo. En toda nuestra  vida, la libertad encuentra camino a través de este triple encuentro. Lo que más andamos buscando, va implícito en la mejor  noticia: Dios nos ama y se va respondiendo a través de este triple encuentro.
  • El encuentro es una presencia, esperada o inesperada, que sale a camino de la búsqueda, genera la noticia de nuestra vida y marca el relieve de nuestra existencia.
  • El encuentro con uno mismo es un acto de consciencia. Un descubrimiento del alma, una realidad nueva, separada de honores pasados, causas remotas, problemas presentes y deseo de cotas próximas. El encuentro es darse cuenta. Es  caer en la cuenta de la Historia acumulada de cientos de abuelos que han generado un orden de conocimiento puesto a nuestra disposición. Es nuestra propia Historia personal  en grado de aceptación. Es el caudal de nuestra vida en adaptación constante a los accidentes de nuestra existencia. El encuentro con uno mismo es la observación de nuestras heridas de guerra con el desprendimiento suficiente que permite el perdón. Es el descenso a las bodegas de nuestra alma para descubrir nuestras infinitas  reservas de potencial para la conquista de la  alegría y del amor.
  • El encuentro con los demás va más allá de la anterior realidad antropológica de la consciencia. Los demás son la dimensión en la que se puede ver reflejada la realidad propia y por la que podemos reconocernos a nosotros mismos. Los demás son la puesta en relieve de nuestra presencia en la vida. Los demás nos prestan el reconocimiento de nuestra propia identidad. Los demás son el prójimo, no sólo como ámbito de utilidad de nuestra acción,  sino sobretodo como posibilidad de que nuestros actos de conciencia se conviertan en realidad y tomen vida propia más allá de nuestro control. El encuentro con los demás es la posibilidad de que se pueda alcanzar la confianza y en que pueda disfrutarse la amistad. Hacer el camino de la vida en compañía. Encontrarle sentido a la vida.
  • El encuentro con Dios es el paso de la religiosidad a la fe. Es la presencia de un rostro amigo, de una presencia acompañante que por la resurrección me sigue, me nombra, me ama, me despierta a mi participación en lo propio y en lo eterno, descubre mi vida como proyecto, me da sentido, me da cuenta de mi realidad. No resuelve mis problemas pero evita que mi alma quede presa de ellos. El encuentro con Dios es la superación de los límites de la vida, me excluye de la soledad,  me impulsa y conecta a la trascendencia, me impide la tristeza y me recuerda que más allá de lo que yo pueda alcanzar ya está todo conseguido,  ya está todo saldado a mi favor. El encuentro con Dios es el descubrimiento de que por la fe en la resurrección del Señor el temor a lo que pueda ser y a lo que pueda pasar se convierte en esperanza activa sobre lo que ha de venir y sobre lo que ya está siendo. Por ello seguir a Cristo es un estilo de vida, una visión trascendente que va puliendo nuestra forma de reaccionar frente a los acontecimientos cotidianos y extraordinarios.
  • Muchas veces nuestro código moral aprendido nos limita la visión del plan de Dios y quedamos absorbidos por lo aparentemente bueno o malo de las cosas y las virtudes y accidentes de las personas. Arrastramos conflictos y perseguimos saldar circunstancias, pero el Encuentro es la posibilidad constante de que el Señor, quien nos ama, sea el capitán que gobierne nuestra vida desde el eje de nuestro ser de persona. La conexión consciente y constante con ese Dios del Amor es la luz de nuestra verdad capaz de provocarnos la conversión en cada momento y nos alza a ser dignos dirigentes con capacidad de influencia y moderación de la realidad. Conversación abierta.